jueves, 21 de marzo de 2013

FALLO LABORAL CONTRA ASOCIART ART


FUENTE INFOJUS

SENTENCIA Nº 93.390 CAUSA Nº 47.693/09 “QUIROZ, HUGO DANIEL C/ ASOCIART SA ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO Y OTROS S/ ACCIDENTE- ACCION CIVIL” JUZGADO Nº 39
En la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a 13/2/13, reunidos en la Sala de Acuerdos los señores miembros integrantes de este Tribunal, a fin de considerar los recursos deducidos contra la sentencia apelada, se procede a oír las opiniones de los presentes en el orden de sorteo practicado al efecto, resultando así la siguiente exposición de fundamentos y votación.
La Doctora Cañal dijo:
Contra la sentencia de primera instancia, se alzan las demandadas mediante los memoriales de fs. 601/603, fs. 605/607 y fs. 609/612, con réplica a fs. 622/631. El letrado de la parte actora, por derecho propio, a fs. 598 apela sus honorarios, por reducidos.
La codemandada Asociart Art SA, se queja porque se la responsabiliza en los términos de los artículos 1109 y 1074 del Código Civil; porque se atribuye a las tareas, la dolencia sufridas por el actor; por el salario tomado como base, la imposición de costas y los intereses.
La codemandada Seguridad JB SRL, por su parte, se agravia porque el juez tuvo por acreditada la mecánica del accidente y la responsabilidad objetiva en los términos del artículo 1109 del Código Civil; porque el juez resuelve que la actividad de boletero es cosa riesgosa en los términos del artículo 1113 de la norma citada; por el monto de condena, por los intereses y por la regulación de honorarios, por elevada.
A su vez, la coaccionada Trenes de Buenos Aires SA, se queja porque se la responsabiliza en los términos del artículo 1113 del Código Civil y por el monto de condena.
Previo a entrar en el análisis de los recursos deducidos, haré una breve reseña de los hechos invocados por las partes.
El actor sostuvo en la demanda, que el 1º de diciembre de 2007, aproximadamente a las 6,10 hs., se encontraba en su trabajo cumpliendo tareas de vigilancia y control de boletos en la estación Morón, lado norte, de la línea Sarmiento.
Relató que en dicha circunstancia, al solicitar boletos a cuatro personas que se encontraban en el andén, fue agredido física y verbalmente, las mismas al ver que llevaba puesto el uniforme de seguridad, le propinaron golpes de puño. Aclaró que en el intento de protegerse, se cubrió y retrocedió, cayendo por la escalera del andén, lesionándose su pierna derecha y fracturándose su tobillo derecho, además de padecer múltiples escoriaciones en brazos y rodillas (fs. 9).
La coaccionada Trenes de Buenos Aires SA, negó que resulte responsable en los términos del artículo 30 de la LCT (fs. 47 vta.).
La codemandada Seguridad JB SRL, reconoció que el actor prestó tareas en el objetivo que tenía en Trenes de Buenos Aires SA, conforme su categoría de vigilador. Aclaró que si bien denunció el accidente ante la aseguradora, no le consta que el mismo haya ocurrido como lo narró el actor (fs. 65).
La aseguradora Asociart SA ART, reconoció haber recibido la denuncia del accidente, y sostuvo que le brindó al trabajador las prestaciones asistenciales y médicas correspondientes hasta el momento del alta, por lo que entendió que cumplió con todas las obligaciones a su cargo (fs. 78).
Culminada la presente síntesis, cabe destacar en primer lugar, cabe destacar, que llega firme a esta Alzada, que el actor padece de una incapacidad parcial y permanente del 6 % de la total obrera, por presentar una fractura unimaleolar de tobillo (según informe médico a fs. 517/521), como así también que no presenta secuelas psicológicas (ver informe del perito psicólogo a fs. 371/382).
En tales condiciones, corresponde analizar si existió el hecho traumático denunciado en la demanda. Veamos la prueba producida en autos.
Vázquez Leguizamón, testigo propuesto por el demandante declara que “el actor en los molinetes hacía la tarea de control, evasión y fiscalización de boletos, que la gente tenía que pasar por los molinetes y mostrar el boleto, que había muchas situaciones de violencia en las estaciones, que no querían pagar la multa, que otros eran violentos, querían viajar sin boleto, había agresiones físicas y verbales” (fs. 405).
Díaz, testigo también propuesto por el accionante, declara que “conoció al actor cuando le estaban pegando, llamó a la policía, que vio que un grupo de jóvenes agredían al actor, trató de separarlos, casi todos los días se agarran a piñas por el control de los vigiladores, que el actor trabajaba uniformado, que varias personas agredieron al actor pero no puede especificar cantidad, que el actor no hacía nada, solo se atajaba de los golpes, se cubría para que no le pegaran tanto, la policía nunca llegó” (fs. 411/412).
Del análisis de la prueba testimonial mencionada precedentemente, surgen las tareas que realizaba el accionante, como así también que en ocasión de su trabajo, sufrió una agresión por parte de personas que lo atacaron a golpes de puño. Estas declaraciones no han sido impugnadas por las partes, y por su concordancia y uniformidad, les otorgo pleno valor probatorio (arts. 386 del CPCCN y 90 de la LO).
Cabe poner de resalto, que los testigos propuestos por la demandada, ninguno presenció el hecho denunciado por el actor en la demanda, por lo que no puedo valorar sus declaraciones, en cuanto a este aspecto se refiere (ver fs. 406/407 y fs. 408/409)
En consecuencia, tengo por acreditada la existencia y mecánica del infortunio padecido por el trabajador, por lo que cabe desestimar la queja de Seguridad JB SA
Ahora bien, a continuación, corresponde analizar si las tareas desarrolladas por el accionante, resultan riesgosas en los términos del artículo 1113 del Código Civil
La juez de grado anterior, con cita del Fallo “Mosca” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, considero a la actividad desarrollada por el trabajador, como altamente riesgosa. Encontró asimismo acreditada la responsabilidad subjetiva del artículo 1109 del Código Civil, en tanto no se probó fehacientemente la entrega de elementos de seguridad pertinentes que hubiesen permitido al actor enfrentar la situación que le presentó el cumplimiento de su labor habitual como vigilador y controlador de boletos. Además, la sentenciante, tuvo en cuenta que no existe constancia documentada de la entrega de la “tonfa” mencionada por los testigos aportados por la accionada.
Observo que en el caso en estudio, la incapacidad padecida por el actor se produjo por el hecho y en ocasión del trabajo. Me explico: su dolencia tuvo origen en la agresión física que sufrió, con motivo del control que tenía que hacer de que cada pasajero tenga su boleto de viaje en tren.
Y sobre esto, tal como lo decidiera la sentenciante, no existe prueba que acredite que la empleadora haya utilizado todos los medios a su alcance, para que no se produzca el hecho generador de la incapacidad que hoy padece el actor, ni tampoco de que lo hubiese provisto de elementos que amortiguaran los efectos de una agresión.
Cabe recordar, que el autor Genaro Carrio (“Notas sobre el derecho y el lenguaje”, Abeledo Perrot, 3ra. edición, Buenos Aires, 1996), nos habla de la “textura abierta del lenguaje”, que es precisamente el caso del vocablo “cosa”, el cual se extiende para abarcar, en la actualidad, tanto a las tareas que realiza el trabajador, como a la actividad laboral. Luego, si esas tareas pueden generar un daño, deben ser incorporadas al concepto de cosa riesgosa, previsto en el art. 1113 del Código Civil.
Es así que, en relación con el peligro o riesgo de la cosa, considero que las tareas realizadas por el accionante, son riesgosas en sí mismas, tal como surge de las declaraciones testimoniales aludidas precedentemente, las que reitero, no han sido impugnadas por la contraria.
En efecto, digo ello pues quedó acreditado el peligro latente que existe en las estaciones de los ferrocarriles, más aún, teniendo en cuenta que la tarea del actor era la de controlar si los pasajeros tenían su boleto de tren, lo que en ocasiones, generaba violencia por parte de algunas personas, lo cual, por lo demás era previsible, dado que es un dato de público y notorio, la tendencia de algunas personas a viajar gratis.
En consecuencia, la empleadora debía asegurarse de que las tareas laborales efectuadas por el actor, en Trenes de Buenos Aires SA, se realizaran en un ambiente seguro, con todos los elementos (tonfa, redes o rejas de protección, chalecos acolchados, garitas, etc), para proteger a sus empleados, y evitar lesiones como la del caso de marras.
La inseguridad en el transporte es un fenómeno mundial, observese lo sucedido el 11.3.04 en Atocha (Madrid); el 23.7.11 en Shuangyu (China); el 10.7.11 en Fatehper (India) y el 11.3.11 en nuestro país, en la estación Once, entre muchos otros, al que no estamos ajenos, tanto por
atentados, por lo obsoleto de los medios de transporte, y por supuesto, por la violencia propia generada entre los pasajeros con los controladores, dado los niveles de stress y desocupación.
Estimo que todas estas condiciones laborales, no podían ser desconocidas por ninguna de las codemandadas, que justamente habían contratado al actor para que prestara los servicios en Trenes de Buenos Aires SA, Nótese que Seguridad JB SA reconoce en el responde, que contrató al accionante para que se desempeñara en Trenes de Buenos Aires SA, por lo que mal puede en esta instancia, argumentar que no tenía la guarda de la cosa, cuando debió arbitrar todos los medios para que el trabajador se desempeñase en un lugar adecuado a las normas de higiene y seguridad.
Luego, la codemandada Seguridad JB SA y la aseguradora Asociart SA, se quejan porque se la responsabiliza en los términos de los artículos 1109 y 1074 del Código Civil.
En cuanto a Asociart SA ART, cabe recordar lo dicho por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en un criterio que comparto, al resolver la causa "Torrillo, Atilio Amadeo y otro c/ Gulf Oil Argentina SA y otro s/ recurso de hecho" (T 205, XLIV, del 31.3.09), sostuvo que "no existe razón alguna para poner a una ART al margen del régimen de responsabilidad previsto por el Código Civil, por los daños a la persona de un trabajador derivados de un accidente o enfermedad laboral…". Este argumento, es reiterado por el Alto Tribunal, en autos “Naval, Patricia Elizabeth por sí y en representación de sus hijos menores Rocío Elizabeth Noemí San Martín Naval y Marco Alejandro Isaías San Martín Naval c/ Odipa SRL y otros” (N. 409.XLII; sentencia del 24/5/2011), en donde se modifica el antiguo criterio de la Sala en su anterior composición
La ART no logra desvirtuar estos razonamientos, pues, no acreditó la realización de alguna medida puntual de seguridad tendiente a proteger la salud física del actor, como tampoco probó haber realizado cursos de capacitación a los trabajadores, ni verificó los elementos de trabajo necesarios para la realización de una tarea, que como hemos expresado, conlleva en sí misma un riesgo para los trabajadores.
En efecto, en primer lugar, si bien la aseguradora en su responde sostuvo que la empleadora no denunció los agentes de riesgo a los que el trabajador pudiera estar expuesto, ella tampoco acreditó haber realizado las visitas que la Ley de Riesgos del Trabajo pone a su cargo, como así tampoco, que haya efectuado recomendaciones para prevenir los accidentes como el de autos. En tal situación, la aseguradora debió acreditar que verificó las condiciones en que los trabajadores realizaban sus labores, y en su caso, demostrar que brindó asesoramiento a su contratante.
Recordemos que el decreto 170/96 (BO 26.2.96), reglamentario de la ley 24557, impone a las aseguradoras de riesgos del trabajo, brindar asesoramiento y ofrecer asistencia técnica a los empleadores afiliados en lo atinente a la determinación de la existencia de riesgos y sus potenciales efectos sobre la salud de los trabajadores, en el, o los establecimientos del ámbito del contrato (art. 18). Vale decir, que era obligación de la aseguradora detectar los
posibles riesgos que presentaba cada puesto de trabajo, y cada una de las operaciones que debían realizar los trabajadores. No puede soslayarse que dicho decreto, también impone a las aseguradoras de riesgos del trabajo la obligación de realizar actividades permanentes de prevención de riesgos y control de las condiciones y medio ambiente de trabajo, y que para cumplir con sus obligaciones, deben contar con personal especializado en higiene y seguridad o medicina del trabajo, de modo que aseguren la atención en materia de prevención de riesgos de sus afiliados (arts. 19 y 20).
En este sentido, cierta doctrina especializada ha dicho, con criterio que comparto que “la ART civilmente demandada tiene la carga de acreditar las medidas preventivas generales adoptadas en el establecimiento y, específicamente, las que se adoptaron para evitar el accidente en concreto según la denuncia del actor. Si en la demanda se argumenta genéricamente que la ART no cumplió con medidas indeterminadas de inspección y control, la ART tendría mayor posibilidad de liberarse de responsabilidad acreditando la inexactitud de tales afirmaciones (…)”.
Es así, que la aseguradora, debió aportar alguna prueba que demuestre que previno a la empleadora sobre los riesgos que presentaba la realización de las tareas por parte del trabajador, sin “tonfa”, sin ninguna red o reja de protección, ni garitas, ni chalecos acolchados, tal como lo señalé ut supra.
En función de ello, y atento a la magnitud de los peligros a los trabajadores que realizan esta tarea están expuestos diariamente, tanto en el desarrollo, como en el ambiente, es mayor el nivel de control que se espera de las ART. Ello ya que no sólo los empleadores están obligados a adoptar medidas para prevenir los infortunios laborales, sino que éstas son, también, sujetos pasivos de esta carga. Más aún, teniendo en cuenta que el lugar de trabajo era una estación de tren con afluencia de público, que de por sí resulta un ambiente peligroso, por la mecánica con que se llevan a cabo los trabajos.
El deber de seguridad, excede el marco tradicional del contrato de seguro por accidente de trabajo, por lo tanto el empleador y la aseguradora, están obligados a implementar todas las medidas preventivas de los riesgos, que la naturaleza de la actividad exija aplicar, para procurar la indemnidad de las personas que bajo dependencia de la primera trabajan.
Si bien no se pretende que ambas demandadas tengan que evitar todo accidente, lo que es materialmente imposible, se trata de exigirles un comportamiento diligente en relación con sus obligaciones legales, lo que no es, ni más ni menos, que su obligación. En concreto, se sanciona la inobservancia de la obligación general de conducirse con prudencia, cuidado y diligencia para evitar daños al trabajador, conforme la regla general establecida en el artículo 1109 del Código Civil.
Es claro que la ART no ha cumplido con sus obligaciones (mal llamadas de “medio”, dado que el “resultado” al que se obliga es a una prevención útil) de efectuar visitas periódicas al establecimiento a fin de evaluar los riesgos existentes y su evolución, el cumplimiento de las normas de prevención de riesgos y del plan de acción tendiente a reducir la siniestralidad, ni ha demostrado haber informado a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo la formulación y desarrollo del plan de acción, ni denunciado los incumplimientos, conforme imponen los arts. 4 y 31 de la LRT. Las medidas protectorias y preventivas que omitió la demandada, consistieron en falencias en lo que a elementos de labor se refiere, a las que me he referido precedentemente, así como a la carencia de un adecuado control en torno al modo de prestar las tareas y el dictado de cursos de capacitación permanentes; sobre lo cual, sencillamente, nada invoca la ART.
Es por ello que se advierte, en la especie, la existencia de un nexo causal adecuado, entre la responsabilidad de la aseguradora y el daño sufrido por el reclamante (conf. art. 1074 y conc. Código Civil), pues reitero, aquélla no cumplió con las obligaciones a su cargo (asesoramiento para el adecuado cumplimiento de las tareas).
La falta de cumplimiento de las normas de seguridad, razonablemente exigibles para la actividad que el actor llevaba a cabo, y la directa relación con las enfermedades detectadas, resultan fundamento suficiente para la condena respecto de la aseguradora de riesgos del trabajo y la empleadora.
En este marco y en el caso de la aseguradora, tal como invariablemente he sostenido como juez de primera instancia (Juzgado Nacional de Primera Instancia Nº 74, autos “López, Ramona Manuela c/ Laboratorio Hexa S.A y otro s/ accidente- Acción civil"), adhiero al criterio que pugna que "la ART está obligada al control de cumplimiento de las leyes de higiene y seguridad y a brindar asesoramiento y ofrecer asistencia técnica a los empleadores; tiene a su cargo la obligación legal de supervisar las condiciones del caso (conf. Ferreirós, Errepar DEL 212. Abril/02, TXVII-347). A ello, debe añadirse, que la inconstitucionalidad decretada en el caso, del artículo 39 de la ley 24.557, la conduce al ámbito de la responsabilidad civil y no la releva de la obligación de garantía; por lo que debe extendérsele la condena" (CNAT, Sala VII, del 25/3/04, "Moyano, Miguel c/ Interacción SRT S.A. y otros s/ accidente", en igual sentido de la misma sala, SD 36.039, del 18/3/02, "Rial, José c/ Decker Indelqui S.A. y otro s/accidente").
A su vez, la Sala II ha dicho que "los incumplimientos de las ART de las obligaciones impuestas por la ley 24.557 constituyen una conducta encuadrable en los términos del art. 512 del Código Civil, ya que se trata de una omisión de diligencias tendientes a prevenir la configuración de daños a los trabajadores" (SD 90.169, del 6/3/02, in re "Duarte Rodríguez, Lorenzo c/ Magire SRL y otro", confirmatoria del fallo del Juzgado Nacional de Primera Instancia Nº 74, en el que me desempeñé como Juez).
Por otra parte, la Sala IX ha dicho que "la preceptiva sobre riesgos laborales introduce una suerte de delegación del control del acatamiento a las disposiciones sobre higiene y seguridad en cabeza de las aseguradoras, generando así una ampliación de los sujetos responsables, en modo tal que deja de ser el empleador el único sujeto de imputación aunque, es claro, con alcances e intensidades diferenciadas, siendo aquella función ¨cuasi estatal¨ la que, en caso de omitirse o de cumplirse deficientemente, puede generar responsabilidad, más allá de cual sea, en concreto, el vínculo o nexo de causalidad necesario para efectivizarla" (SD 9.302, del 30/11/01, in re "Delgado, Daniel c/ Ledesma S.A. y otro s/ accidente"). La misma Sala ha dicho que "si a pesar de la concertación de los Planes de Mejoramiento, la aseguradora no efectuó las medidas preventivas necesarias, puede afirmarse válidamente que incurrió en una conducta culposa (arts.512 y ccs. del Cód. Civil), rigiendo de este modo lo dispuesto por el artículo 1074 del mismo cuerpo legal, ya que las omisiones indicadas ocasionaron un perjuicio" (SD 11.000, del 30/10/03, in re "Domato, Mario c/ Witchel S.A. y otro s/ accidente").
En igual sentido "Los compromisos concretos que deben asumir estos sujetos deben interpretarse ampliamente en función del objetivo de prevenir adecuadamente los riesgos de trabajo. La ineficacia de las acciones destinadas a prevenirlos, incluidos los controles que debe efectuar la ART, constituye un incumplimiento que contribuye en la cadena causal a generar un daño en la salud de los trabajadores" (CNAT, Sala VI, Sd.55125, del 7/8/02, in re "Gutiérrez, Rosenda c/ Todoli Hnos SRL y otro s/ accidente").
Consecuentemente, no encuentro motivo para eximir a la aseguradora y a la empledora de la responsabilidad que le cabe por el derecho común.
Párrafo aparte merece el agravio de Trenes de Buenos Aires SA, que entiende que los delincuentes que atacaron al actor, no pagaron comisión, porte o flete, por lo que no existió contrato de transporte, ya que no eran pasajeros.
La juez de anterior grado, responsabiliza a Trenes de Buenos Aires SA en los términos del artículo 1109 del Código Civil y decide que no se trata de terceros por los que no tenga que responder, en tanto se trata de pasajeros que utilizaban el servicio de tren, cuya concesión se encuentra a su cargo.
Considero que no asiste razón a la mencionada demandada en sus argumentaciones, puesto que el hecho de que las personas que agredieron al actor no hayan exhibido el boleto correspondiente, no significa que no lo tengan. Y si así fuere, ello no es óbice para deslindar de responsabilidad a Trenes de Buenos Aires, pues el infortunio se produjo en una
estación ferroviaria, donde ella tiene la concesión, segmento éste que no fue atacado por la quejosa.
De todos modos, la inexistencia de boleto es la menos relevante, por las razones de público y notorio apuntadas. El intento de viajar sin el mismo y la violencia en los trenes, son situaciones “propias” hoy en día por las que debe atravesar el personal.
De manera que mal puede la codemandada alegar ajenidad. Si bien el actor no debió supuestamente hacerse el “Rambo”, como sí alegó de manera poco feliz en el responde, resulta claro el celo con que realizó su trabajo, exponiéndose a una agresión como la que sufrió. En todo caso, la codemandada Trenes de Buenos Aires debió actuar como una empresa protectora de las personas de las que se vale para el cumplimiento de sus servicios.
Luego, la codemandada Asociart ART SA se queja por el salario que tuvo en cuenta la sentenciante, y pretende que se aplique el ingreso base mensual previsto por el artículo 12 de la ley 24557.
La sentenciante en cambio, tiene en cuenta el principio de reparación plena y en base a ello, determina la remuneración.
Sobre este punto, la recurrente nada dice, ya que solo se limita a expresar que debió aplicar las disposiciones de la Ley de Riesgos del Trabajo, por lo que debe declararse desierto este segmento de la queja (artículo 116 de la LO).
Sentado ello, corresponde analizar el agravio por el monto de condena.
Para analizar el método de cálculo utilizado por la magistrada de primera instancia para fijar la reparación integral, cabe recordar el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en la causa “Arostegui”, en el cual se establece la doctrina de que, para evaluar el resarcimiento pleno del daño fundado en el derecho civil, que padece un trabajador por un accidente laboral, no deben aplicarse fórmulas matemáticas, ni son válidos los criterios comparativos con las indemnizaciones tarifadas de la ley de riesgos del trabajo.
Ahora bien, comparto este criterio y entiendo que para no incurrir en arbitrariedad, los jueces deben expresar en forma indiciaria las pautas que se han tenido en cuenta para evaluar la reparación, como son la edad de la víctima, las circunstancias personales, su remuneración, y la
gravedad de las lesiones, entre otras, sin verse obligados a limitarse a fórmulas matemáticas. Es decir, que pueden fijar pautas no en forma vinculante, sino para apartarse de la discrecionalidad, metodología que dotan al presente de una cuota de objetividad.
Es en esas condiciones, observo que la magistrada de anterior grado, tuvo en cuenta el salario del actor ($ 1.002), la incapacidad psicofísica del 6 % T.O, la edad al momento del accidente, 37, 9 meses y 29 días, y utilizó la fórmula “Méndez Alejandro Daniel c/ Mylba S.A. y otro s/ accidente- acción civil” (ver considerandos de fs. 594).
Si bien mi criterio es que dicha fórmula debe tomarse indiciariamente (no en términos de vinculatoriedad sino como un método para apartarme de la discrecionalidad), entiendo que dota al presente de una cuota de objetividad, y el monto del daño material fijado en la primera instancia, resulta adecuado, por lo que corresponde mantener lo allí resuelto.
Sin perjuicio de lo resuelto, debo señalar que si bien Trenes de Buenos Aires SA sostiene que el actor no probó el perjuicio sufrido y el monto económico del mismo, advierto que parece olvidar la recurrente, que nos encontramos frente al Derecho del Trabajo, especialmente, tratando los infortunios padecidos por el hecho y en ocasión del trabajo, donde el bien jurídico tutelado, en el caso, es la salud del trabajador quien solo tiene que acreditar la existencia del daño, su grado de incapacidad, la relación causal y/o concausal con las tareas, y, como en estas actuaciones, el riesgo de las mismas.
Ahora bien, la recurrente también sostiene que el Fuero del Trabajo debe aproximarse a la definición de justicia: de “dar a cada uno suyo”, y no, favorecer a la parte trabajadora sin fundamento jurídico alguno.
Sin embargo, observo, que la sentenciante dio acabados fundamentos para condenar a las aquí demandadas.
Sin perjuicio de ello, me pregunto, para el recurrente, ¿cuál es la definición de justicia?.
Así como en la causa “Gonzalez, Ana Celia c/ Palumbo, Rafael y otros s/ despido”, S.D. Nº 93.350 del 30/11/12, desarrollé el concepto de empresa, como distintas miradas del prisma desde el mercado, el derecho comercial y el derecho laboral.
Allí expresé que para el mercado, todo es lucro, y de cualquier manera. Prueba de ello: el planeta en emergencia por las cuestiones ambientales, y un creciente número de desempleados, trabajadores no registrados, el alza en los niveles de accidentes y enfermedades en el trabajo, y desposeídos en general, solo por mencionar algunas tragedias.
En cambio, en el caso del derecho comercial y el derecho laboral, la función de los mismos es poner límites, marcos de licitud, con lo cual, mal podría haber contradicción entre ellos si respetan a un mismo esquema normativo.
Precisamente por ello, el concepto jurídico de empresa para el derecho comercial es menos amplio que el laboral, que alcanza inclusive a organizaciones sin fines de lucro y otro tipo de emprendimientos.
Pues, tal como dije en la citada causa, necesariamente, en un esquema como este, no puede ser válidamente leído como “un costo” el salario, el pago de asignaciones familiares, la prevención en torno a la seguridad e higiene en el trabajo, etc, porque, justamente, “eso” es cumplir con el derecho.
Pero, sí es un costo laboral el pago de las sentencias, dado que se llega a esas condenas por un mal manejo de las relaciones laborales. En esto, no tienen la culpa, ni los constituyentes de 1994, al insertarnos en el paradigma de los derechos humanos fundamentales, ni los abogados, ni los sindicatos que reclaman incumplimientos, ni tampoco los jueces que así lo declaramos.
Lo dicho respecto al concepto de empresa, se asemeja a lo aquí planteado, pues el concepto de salud es un bien primordial en la esfera del Derecho del Trabajo, puesto que hace a la integridad física y psíquica de quien pone su fuerza de trabajo a disposición de quien conduce la empresa.
Por ende, el concepto de justicia en nuestra materia es más amplia que la idea de justicia en el ámbito comercial, ya que lo que desde el derecho comercial se puede ver como un costo, en materia laboral es un concepto solidario.
Lo dicho no es antojadizo, pues se enmarca en la racionalidad del sistema que transita el paradigma de los derechos humanos.
Esto es, nuestro constitucionalismo vigente tiende a una necesaria efectividad, que es lo que corresponde asegurar.
En este sentido, cabe agregar que “tras la reforma constitucional de 1994 deben tenerse en cuenta las directivas que surgen del derecho internacional de los derechos humanos. En el precedente „Mazzeo‟ (Fallos: 330:3248), esta Corte enfatizó que „la interpretación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos debe guiarse por la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)‟ que importa „una insoslayable pauta de interpretación para los poderes constituidos argentinos en el Ámbito de su competencia y, en consecuencia, también para la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a los efectos de resguardar las obligaciones asumidas por el Estado argentino en el sistema interamericano de protección de los derechos humanos‟ (caso "Almonacid", del 26 de septiembre de 2006 considerando 20).”
Por lo tanto, el concepto de justicia que aquí debe ser tenido en cuenta, es uno amplio en el que se deben asegurar, no solo los preceptos que surgen del artículo 14 bis de la Constitución Nacional, sino también la dignidad del trabajador, concepto que incorpora el derecho a la salud y el derecho a la integridad física.
Un entramado normativo que delinea la moralidad de nuestro tiempo, que debe ser aplicado por los jueces, quienes en el ejercicio de su función, son los garantes de hacer cumplir lo que manda la Constitución Nacional.
Es así entonces, que en nuestro derecho el concepto de justicia es amplio, dado que reitero, tenemos como base un fin solidario, en donde se deben tener en cuenta los deberes de los empleadores y en el caso, de las aseguradoras, a fin de que respeten las condiciones generales en que se desenvuelve la actividad laboral.
Ahora bien, con relación a la indemnización por daño moral, corresponde su reparación. Respecto a la misma, la jurisprudencia ha dicho, en un criterio que comparto, “que tiende a indemnizar, no la incapacidad resultante sino los sufrimientos que demanda la curación y los inconvenientes en la vida laboral y social”. (CNAT, Sala VII expte nº 26.483/94 sent. 36353 9/10/02 "Marcovich, Mario c/ Femesa s/ accidente", y Fallo Plenario N° 243, en autos “Vieites, Eliseo c/ Ford Motor Argentina S.A.”, del 25.10.1982,), a lo que cabe sumar toda aflicción espiritual por lo padecido, y sus secuelas. De tal suerte, corresponde adicionar a la indemnización por daño material la del daño moral, por lo cual el monto fijado, también resulta ajustado a derecho, por lo que cabe mantener lo decidido.
Y si bien ha sido mi criterio reiterado, que el art. 303 del CPCCN, al establecer la vinculatoriedad de los fallos plenarios, resulta inconstitucional, toda vez que viola la independencia judicial, solo atada a la aplicación del derecho dictado por sus autoridades naturales con respecto a la Constitución Nacional, ello no impide que adhiera a su doctrina. Por lo tanto, comparto lo dicho en el fallo plenario aludido precedentemente.
En cuanto a la tasa de interés, esta Cámara por Acta Nº 2357 y su modificatoria acordó que, sin perjuicio de la tasa aplicable hasta el 31/12/2001, a partir del 1/01/2002 se emplearía la tasa de interés activa fijada por el Banco de la Nación Argentina para el otorgamiento de préstamos, según la planilla que difundirá la Prosecretaría General de la Cámara. En consecuencia, corresponde mantener lo decidido en la anterior instancia.
Respecto a la fecha a partir de la cual deben correr los intereses, a mi juicio, corresponde que comience desde la fecha del accidente (1.12.07), que coincide con la primera manifestación invalidante, extremo que surge de la constancia de haber recibido el trabajador la asistencia médica mediante la ART (reconocida en el responde), por lo que propongo que se mantenga lo resuelto en la anterior instancia en tal sentido.
En cuanto a la imposición de costas, no encuentro elemento que me lleve a apartarme del principio general consagrado por el artículo 68 del CPCCN, por lo que también cabe confirmar lo resuelto en origen.
Por último, por considerar que los honorarios regulados al letrado de la parte actora son reducidos, teniendo en cuenta la importancia y la extensión de las tareas por él realizadas, así como a las normas arancelarias vigentes, propongo que se eleven al 18 % del monto total de condena y sus intereses.
Las costas de Alzada serán soportadas por las demandadas vencidas (art. 68 del CPCCN). Propicio regular los honorarios de los presentantes de fs. 601/603, fs. 605/607, 609/612 y fs. 622/631, en 30 %, 30 %, 30 % y 35 %, respectivamente, de lo que les corresponda por su actuación en la anterior instancia.
En relación con la adición del IVA a los honorarios regulados, esta Sala ha decidido en la sentencia 65.569 del 27 de septiembre de 1993, en autos “Quiroga, Rodolfo c/Autolatina Argentina S.A. s/ accidente-ley 9688”, que el impuesto al valor agregado es indirecto y por lo tanto grava el consumo y no la ganancia, por lo que debe calcularse su porcentaje, que estará a cargo de quien deba retribuir la labor profesional. En el mismo sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la causa “Compañía General de Combustibles S.A. s/recurso de apelación” (C.181 XXIV del 16 de junio de 1993), al sostener “que no admitir que el importe del impuesto al valor agregado integre las costas del juicio –adicionárselo a los honorarios regulados- implicaría desnaturalizar la aplicación del referido tributo, pues la gabela incidiría directamente sobre la renta del profesional, en oposición al modo como el legislador concibió el funcionamiento del impuesto”.
Voto, en consecuencia, para que se confirme la sentencia en lo principal que decide y ha sido materia de agravios. Propongo elevar los honorarios de la representación letrada de la parte actora al 18 % (dieciocho por ciento) del monto total de condena y sus intereses. También propongo imponer las costas de Alzada a las demandadas y regular los honorarios de los presentantes de fs. 601/603, fs. 605/607, 609/612 y fs. 622/631, en 30 %, 30 %, 30 % y 35 %, respectivamente, de lo que les corresponda por su actuación en la anterior instancia. En caso de tratarse de responsables inscriptos, deberá adicionarse a las sumas fijadas en concepto de honorarios de los profesionales actuantes en autos el impuesto al valor agregado, que estará a cargo de quien deba retribuir la labor profesional.
El Doctor Pesino dijo:
Por fundamentos análogos, adhiere al voto que antecede.
Por todo ello, el Tribunal RESUELVE: I.- Confirmar confirme la sentencia en lo principal que decide y ha sido materia de agravios. II.- Elevar los honorarios de la representación letrada de la parte actora al 18 % (dieciocho por ciento) del monto total de condena y sus intereses. III.- Imponer las costas de Alzada a las demandadas y regular los honorarios de los presentantes de fs. 601/603, fs. 605/607, 609/612 y fs. 622/631, en 30 %, 30 %, 30 % y 35 %, respectivamente, de lo que les corresponda por su actuación en la anterior instancia. En caso de tratarse de responsables inscriptos, deberá adicionarse a las sumas fijadas en concepto de honorarios de los profesionales actuantes en autos el impuesto al valor agregado, que estará a cargo de quien deba retribuir la labor profesional.
Regístrese, notifíquese y oportunamente,
Victor A. Pesino Diana Regina Cañal
Juez de Cámara Juez de Cámara
Ante mí: Stella Maris Nieva
Prosecretaria Letrada

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